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February 21 OUAGADOUGOU - TOMBOUCTOUAprovechando las vacaciones de navidad, que por supuesto existen en Burkina Faso, país con la mitad de la población cristiana (6 millones de habitantes), un grupo de nueve personas nos disponemos a partir rumbo al vecino país Malí.
Unas navidades sin Corte Inglés, Papa Noel ni los Reyes Magos, no son Navidades. Así que, a falta de emociones fuertes tales como las comidas familiares, las cenas de empresa o los ciegos de nochevieja, nos decidimos a recorrer 2000km para llegar a Tombuctú, ciudad legendaria, fantasma y casi inaccesible, acogedora de estudiantes, comerciantes y viajeros, de la talla de León el Africano, entre los siglos XII y XV.
El camino no es fácil, autobús, ranchera, taxi, 4x4 y piragua serán nuestros medios de transporte.
Con pasaporte visado en la embajada de Malí en mano, el grupo se compone de cuatro voluntarios de Naciones Unidas, Sebastián (Alemania), Dina, Ade y yo, una cooperante canadiense, Marie Eve, todos residentes en Uagadugu, y cuatro amigas andaluzas de Ade que aportaran gracia y salero al asunto.
Primer objetivo: Mopti. Situada a 450km de Ouaga, Mopti es la tercera ciudad mas importante de Malí después de Bamako, la capital, y de Ségou . Es una ciudad bastante turística ya que se encuentra cerca del Pays Dogon (región con poblados tradicionales al borde de las colinas) y esta situada a orillas del río Níger. Esto permite a muchos viajeros navegar en piragua por uno de los ríos más largos de África. Precisamente el gran atractivo del viaje es el paseo de tres días y dos noches en piragua desde Mopti a Tombouctou.
Para llegar a Mopti, es necesario varios medios de transporte. Para empezar un autobús de Ouaga a Ouahigouya, que hace unos 200km en tres o cuatro horas dependiendo del día. Una vez allí, el único medio para cruzar la frontera es un taxi-brousse. En África del Oeste este es el transporte público mas utilizado para viajar de una ciudad a otra. Burkina es uno de los pocos países en la región que tiene un buen servicio de transporte público con autobuses para casi todas las ciudades y pueblos importantes, relativamente cómodo y asombrosamente puntual. Pero también la furgoneta de nueve plazas, ocupada por el doble de personas y normalmente algun que otro animal, tiene su lugar en este país.
Tras tres horas de viaje para poco más de 50km, dos puestos fronterizos y dos puestos de policía, llegamos a Koro, primera ciudad tras cruzar la frontera. De allí hay que encontrar transporte para nuestro esperado primer destino, Mopti. Una hora y pico después de la llegada a Koro, con tiempo de comer un gran plato de arroz para los cuatro, con una salsa verde y picante nada sabrosa, el taxi que nos llevara hasta Mopti se llena y podemos partir. Si uno quiere salir antes, o paga las plazas vacías que quedan por llenar o se queda esperando a que lleguen los pasajeros suficientes para llenar el taxi.
Esta vez, con el culo ya acostumbrado, al ritmo de Bob Marley y bajo un cielo lleno de estrellas digno de ver, el viaje se hace más llevadero.
Finalmente, a las diez de la noche, los cuatro primeros viajeros llegamos al albergue recomendado en Mopti y a dormir que el siguiente día es día de negociaciones.
A la mañana siguiente, con el desayuno aun sin acabar, se nos presentan los “piragueros” para negociar la piragua. Tres horas son necesarias para que ambas partes lleguemos a un acuerdo y quedemos contentos. La primera hora fue cosa de todos, pero las dos siguientes, me marque un mano a mano con Pina, nuestro “piraguero”, con el que tras compartir risas, anécdotas e incluso antepasados en común, llego al acuerdo de descender de Tombouctou a Mopti, 3 días y 2 noches por el módico precio de 200.000 fCFA, que vienen a ser unos 300€. A dividir entre nueve personas no esta nada mal teniendo en cuenta que el precio inicial era el doble…
La tarde en Mopti es realmente agradable. Paseamos por las callejuelas de la ciudad jugando con todos los niños que nos cantaban, - toubabou! toubabou! – que significa “hombre blanco” en Malí y otros países de África del Oeste como Senegal. La palabra “tubabu” tiene un origen curioso, y es que “tabib” significa medico en árabe. Y como los primeros hombres blancos que llegaron a la zona, solían ser misioneros con conocimientos en medicina, se les llamo los tubabu que viene a ser una derivación de tabib. El árabe como lengua tiene una fuerte influencia en la zona por motivos históricos y religiosos.
Para finalizar la tarde, nuestro querido amigo Seb nos tenía preparados unos “pastelitos” desde Ouaga, que nos comimos muy a gusto…
Lunes 31, por fin llegaran el resto de viajeras y al día siguiente rumbo al segundo destino: Tombuctú.
Tranquilidad y paseo son las palabras justas para describir este día que muchos de vosotros habréis pasado organizando donde cenar y con quien salir.
Con las chicas recién llegadas, asistimos a una cena preparada por el albergue con el motivo de fin de año. Conozco a una española, Leire, que se crió en África, porque sus padres eran hippies, según me dice ella. Lleva dos años trabajando en Mopti tras haber hecho la Universidad en Madrid y en La Habana, y se marcha en seguida a Bamako a trabajar con la nueva agencia de la Cooperación Española que abre en el 2008. Una mujer interesante.
A la una, y durmiendo en el techo al aire libre del albergue, se acaba la nochevieja del 07-08 para nosotros en Malí. A soñar con las dunas de Tombuctú…
Martes día 1 partimos a Tombuctú con el peor chofer de 4x4 que nos podía haber tocado. Todo un clásico entre los españoles, salimos con dos horas de retraso. Por esta razón, nuestro chofer, un tipo bastante desagradable, no para de gemir y emitir sonidos que se suponen palabras no muy bonitas en su lengua, cada vez que paramos para cubrir nuestras necesidades. Pero al final, parece que el tipo tenía razón, e íbamos a llegar tarde. A donde? Pues a cruzar el río Níger para llegar a Tombuctú. Justo cuando llegamos se acaba de marchar el último barco a las 7 de la tarde y no viene otro hasta el día siguiente a las 6 de la mañana. Imaginaros el panorama, a la orilla del río, con dos o tres cabañas mal hechas y una algo más grande que hace el papel de “cafetería”, sin nada que comer puesto que no teníamos previsto tal percance, y con el chofer que no para de gritar histérico porque hemos perdido el barco.
Resignados, nos organizamos para pasar la noche los unos pegados a los otros para darnos calor humano, vigilar nuestras pertenencias e intentar dormir unas horas en el suelo de la “cafetería” tras un intento fallido de timo por parte de nuestro querido chofer, ya algo mas calmado, que pretendía colárnosla haciendo pagar esa noche por meternos en una cabaña, sin conocer en que condiciones, mientras que los chicos de la “cafetería” nos dicen que no hay porque pagar si queremos dormir al lado de ellos en el suelo.
Antes de conciliar el sueño, tengo la suerte de conversar con un grupo de jóvenes que vuelven de las vacaciones de su pueblo a Tombuctú a estudiar al instituto. El líder es Hassan, árabe y de tez más clara que el resto, se le ve espabilado e inteligente. Me cuenta que han marchado diez km porque el camión que se habían montado se había estropeado. Es bastante probable que nos los cruzáramos en la carretera. Hassan habla francés, árabe, peul, bambara y tamashek, e intenta chapucear ingles. Un maquina el chaval. Por desgracia va bastante atrasado en la escuela, al igual que sus amigos. Los medios no son los adecuados. Aun así tiene muy claro que quiere entrar en la academia militar y seguir estudiando. Llegara a algún puesto importante, o bien la vida lo devolverá allí de donde el viene, a cultivas y a pastar ganado. Igualito que un quinceañero de la terreta…
Nos encontramos con una ciudad calmada, llena de historia y de encanto. Todas las casas, e incluso todas las construcciones de dos pisos, contadas con las dos manos, están hechas en “banco”, tierra marrón con algo de cemento. Muchas se caen en la época de lluvias. Uno de los grandes problemas en la zona cuando llega la lluvia.
Es agradable pasear por una ciudad de color marrón, a las puertas del desierto, y tan cargada de grandes recuerdos de una época de esplendor vivida hace más de 500 años.
Ciudad de Touaregs, Tombuctú ofrece a los visitantes un paseo en camello acompañado de los Tourages que te preparan el te viendo la puesta de sol. Como buenos turistas, nos damos el gusto. Nos atardece en el desierto del Sahara. Interesantes vistas.
Día y medio bastan para visitar Tombuctú y llevarse algún recuerdo. Yo me llevo la dirección del jefe Touareg quien me propone algún día ir a hacer la ruta de la sal durante 40 días andando por el desierto con ellos y 200 camellos que recogerán la sal unos cientos de km al norte para luego venir a venderla a Mopti. Parece un viaje interesante.
Por fin en la piragua, disfrutamos de 3 días y 2 noches de tranquilidad y buenas vistas, durmiendo en las orillas del río cuando el cuerpo lo pedía, y viendo amanecer y atardecer sobre una piragua navegando agua dulce. Una pasada la variedad de pájaros y los pueblecitos que nos vamos encontrando por el camino.
A parte de una avería que nos retrasa unas horas con respecto a lo planeado, el viaje en piragua transcurre con total normalidad y mucha calma.
Llegamos a Mopti de noche y con cansancio acumulado. Pero aun con suficientes fuerzas para dormir a penas 5 horas y partir rumbo Uagadugu. Doce horas de viaje y, hogar, dulce hogar. Comments (1)
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